
Los satélites de Copernicus contabilizan 301.560 hectáreas arrasadas hasta el 28 de octubre, el 42,9 % del total comunitario. Sumadas a 2025, el fuego ha afectado a unas 630.000 hectáreas en dos campañas.
El Estado español ha terminado la campaña de incendios forestales de 2026 con un balance que confirma una tendencia preocupante. El Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS), integrado en el programa Copernicus de la Comisión Europea, cifra en 301.560 las hectáreas quemadas en territorio español hasta el 28 de octubre. Esa superficie equivale al 42,9 % de las cerca de 701.480 hectáreas afectadas en toda la Unión Europea, lo que sitúa a España a la cabeza de la clasificación comunitaria, muy por delante de Italia y Francia.
Un bienio sin precedentes recientes
Los datos de Protección Civil y del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) estiman en unas 275.000 las hectáreas afectadas durante 2026, frente a las casi 355.000 de 2025. En conjunto, el fuego ha recorrido unas 630.000 hectáreas en dos años, una superficie comparable a la de la provincia de Tarragona. España no acumulaba dos campañas consecutivas de tal magnitud desde mediados de la década de los ochenta.
La diferencia entre la cifra europea y la estatal responde a las distintas metodologías y ritmos de actualización. Copernicus calcula la superficie quemada mediante imágenes de satélite y aplica una metodología común a todos los países, mientras que las cifras nacionales proceden de los balances de las administraciones y pueden revisarse a medida que se cierran los perímetros definitivos.
Menos fuegos, más destrucción
Uno de los datos más reveladores del análisis es que España no es el estado con más incendios detectados. Copernicus registró 469 fuegos en territorio español, frente a los 699 de Italia y los 384 de Francia. La magnitud del daño depende, por tanto, de la extensión que alcanzan los grandes incendios, de las condiciones meteorológicas y de las características de la vegetación. Según Protección Civil, la campaña dejó 8.122 siniestros forestales si se incluyen conatos y fuegos de menor tamaño, que el sistema europeo no contabiliza al centrarse en los de mayor extensión.
El conjunto de la Unión Europea se acerca a la cifra más alta de las últimas décadas. El informe de Zero Carbon Analytics, elaborado a partir de los datos de Copernicus, señala que los países mediterráneos concentran alrededor del 94 % de la superficie quemada comunitaria. Italia aporta cerca del 17 % del total y Francia el 14 %, que además ha vivido la peor temporada de su historia, con 97.754 hectáreas calcinadas.
Un verano que comenzó en julio
A diferencia de 2025, cuando la mayor oleada se concentró en agosto, la campaña de 2026 arrancó con especial virulencia en julio. El 5 de ese mes ya habían ardido 50.750 hectáreas, más del doble que en la misma fecha del año anterior. A finales de julio, los incendios de Madrid, Ávila y Toledo sumaban más de 77.000 hectáreas. La gravedad de la situación llevó al Gobierno a prolongar la campaña estival hasta el 31 de octubre para mantener operativos los dispositivos de prevención y extinción durante más tiempo.
El esfuerzo de los medios de extinción ha sido considerable. Según el MITECO, hasta mediados de agosto sus medios aéreos habían acumulado 8.753 horas de vuelo, un 78 % más que en el mismo periodo del año anterior.
El incendio de Niebla (Huelva) fue el mayor afectando a cerca de 40.000 hectáreas
Los episodios más extensos se han producido en Castilla y León, Castilla La Mancha y Andalucía. El mayor fue el de Niebla, en Huelva, que comenzó el 6 de agosto y afectó a unas 39.821 hectáreas, según la estimación provisional difundida por el MITECO en septiembre. Le siguieron el de Burgohondo, en Ávila, con unas 33.943 hectáreas, y el de La Mierla, en Guadalajara, con aproximadamente 32.000. Estas cifras podrían modificarse cuando se incorporen los datos definitivos de las comunidades autónomas.
La campaña ha tenido también un coste humano. Entre las víctimas figuran las del incendio de Los Gallardos, en Almería, y profesionales que participaban en las labores de extinción.
Un riesgo que se extiende y se vuelve estructural
Los expertos advierten de que el problema trasciende las fronteras españolas. Zero Carbon Analytics describe un cambio estructural en el panorama de los incendios en Europa, con superficies quemadas que casi duplican la media del periodo 2006 a 2025. El informe detecta anomalías incluso fuera del sur del continente: Eslovaquia ha quemado 25 veces su media, Bélgica 12 y los Países Bajos seis, con aumentos de entre tres y cuatro veces en Austria, Alemania y Polonia.
El estudio señala que las olas de calor más intensas y duraderas, junto con las sequías prolongadas, han adelantado la temporada de riesgo y llevado el fuego a lugares donde apenas era un problema. Sus proyecciones indican que la superficie anual quemada en Europa podría crecer un 40 % a finales de siglo, incluso en un escenario de calentamiento limitado a 1,8 ºC, que los propios autores consideran optimista. Al ritmo actual de emisiones, el planeta se encamina hacia los 2,8 ºC.
La autora principal del informe, Joanne Bentley McKune, subraya que una gestión del paisaje adaptada al riesgo puede reducir el peligro a escala local, pero no sustituye la necesidad de recortar las emisiones de forma profunda y urgente.
Impacto en el medio rural y en la salud
Las consecuencias van más allá de la superficie forestal. Buena parte del terreno afectado corresponde a municipios pequeños, donde la pérdida de cultivos, pastos y masa arbórea condiciona la actividad económica durante años. El humo de los grandes incendios ha degradado además la calidad del aire a cientos de kilómetros de los focos, con especial incidencia en personas con problemas respiratorios, mayores y niños.
A ello se suma una brecha de protección financiera: según el informe, solo una cuarta parte de las pérdidas climáticas en la Unión Europea está asegurada.
Una recuperación que durará años
El cierre oficial de la campaña no pone fin a sus efectos. La regeneración de las zonas afectadas puede prolongarse durante años o décadas, según la intensidad del fuego, el tipo de vegetación y las condiciones posteriores. En algunos terrenos la cubierta vegetal se recuperará de forma natural. En otros, la erosión del suelo y la pérdida de especies exigirán actuaciones específicas de restauración.
Los análisis coinciden en que la respuesta pasa por tres frentes que se refuerzan entre sí: la prevención y gestión del paisaje, dispositivos de extinción mejor dimensionados y una reducción sostenida de las emisiones.


