Andalucía a la cola en el Informe PISA

El informe PISA 2025 certifica el peor resultado español de la serie histórica en Lectura, Matemáticas y Ciencias. Andalucía queda por debajo de la media estatal en las tres competencias, con una de las tasas de repetición más altas. La OCDE apunta a las pantallas como parte de la explicación, aunque los propios datos matizan esa hipótesis.

España ha obtenido este martes sus peores resultados en la historia del Informe PISA. Los estudiantes de 15 y 16 años han caído a 451 puntos en Lectura, 457 en Matemáticas y 477 en Ciencias, muy por debajo de las medias de la OCDE y la Unión Europea en las tres materias. La caída es generalizada -también lo es a nivel internacional-, pero España se hunde con más fuerza que el conjunto de los países desarrollados: desde 2015, el país ha perdido 45 puntos en Lectura, 29 en Matemáticas y 16 en Ciencias, el equivalente a más de un curso escolar completo de aprendizaje.

El informe, elaborado por la OCDE con datos de 90 países y presentado este martes en España por el Ministerio de Educación y el INEE, ha evaluado a casi 30.000 estudiantes españoles de 956 centros. La ciencia ha sido, esta vez, la competencia principal.

Andalucía, entre las últimas de la clase

Andalucía se mantiene un ciclo más en el grupo de comunidades con peor rendimiento del conjunto del estado. Sus estudiantes han obtenido 462 puntos en Ciencias, 441 en Lectura y 442 en Matemáticas, por debajo de la media española en las tres áreas y a considerable distancia de comunidades como Madrid, Castilla y León o Asturias, que lideran la clasificación autonómica. En Matemáticas, de hecho, solo Ceuta, Melilla y la Comunidad Valenciana quedan por detrás de Andalucía.

La comunidad concentra además el mayor porcentaje de España de alumnado en los niveles más bajos de rendimiento en Ciencias: un 29%, por delante incluso del País Vasco (28%). Su tasa de repetición de curso, del 28,8%, es una de las más altas del país -muy superior al 22% de media española y al 7,9% de la OCDE- y llega al 32,2% en los centros públicos.

Parte de esa distancia se explica por el punto de partida socioeconómico: el índice ISEC de Andalucía (-0,31) es de los más bajos de España, solo por delante de Ceuta y Melilla. De hecho, cuando se mide la equidad interna -la diferencia de rendimiento entre alumnado favorecido y desfavorecido-, Andalucía sale mejor parada que la media OCDE: una brecha de 68 puntos, frente a los 85 del conjunto de la OCDE.

La consejera de Educación de la Junta, María del Carmen Castillo, ha reconocido en una entrevista en Canal Sur que los datos «no son buenos» en Ciencias, Matemáticas y comprensión lectora, y ha situado el origen del deterioro en la pandemia de 2022, aunque ha admitido que, tres años después, «el sistema educativo no ayuda a mejorar los resultados».

Un batacazo con matices

El desplome no es exclusivo de España. Del conjunto de 74 sistemas educativos con datos comparables desde 2018, 56 registran caídas significativas en Lectura. Pero la española ha sido más intensa: en el período 2022-2025, el retroceso ha sido peor que el de la media OCDE tanto entre el alumnado con mejores notas como entre el más rezagado.

Uno de los hallazgos que más ha llamado la atención de los técnicos del Ministerio es que la caída ha sido mayor entre los estudiantes de mayor nivel socioeconómico: pierden 33 puntos en Lectura desde 2022, frente a 15 puntos entre los más desfavorecidos. La OCDE lo describe como «un debilitamiento del rendimiento de los estudiantes tradicionalmente de mayor desempeño», un fenómeno que ni la organización ni el secretario de Estado de Educación, Abelardo de la Rosa, han sabido explicar del todo.

El Ministerio ha descartado cualquier relación entre la caída y la LOMLOE, la ley educativa vigente desde 2020, alegando que se trata de una tendencia mundial. España sí mantiene, no obstante, algunas fortalezas: destaca en perseverancia y curiosidad hacia el aprendizaje por encima de la media internacional, y su brecha de equidad socioeconómica es más moderada que la de otros países con resultados similares.

Las pantallas en el punto de mira

En la presentación del informe, el analista senior de la OCDE Tue Halgreen ha apuntado a los móviles y el consumo digital como una de las explicaciones centrales del deterioro global en lectura. Según el informe, los estudiantes tienen cada vez más dificultades para mantener la atención en textos largos -de más de 400 palabras- y ha crecido el porcentaje de «lectores precipitados», que responden rápido pero mal: del 7% en 2018 al 11% en 2025.

Sin embargo, el propio resumen ejecutivo del informe aporta un dato que matiza esa lectura: el alumnado español dedica menos horas a los recursos digitales que la media de la OCDE, tanto dentro como fuera del horario escolar. España tampoco destaca por una prevalencia especialmente alta de distracciones digitales en clase de Ciencias (29,2%, en línea con la media OCDE del 28,4%), un porcentaje que además ha bajado respecto a la edición anterior, coincidiendo con la extensión de la prohibición de móviles en los centros: un 86% de los colegios españoles los prohíben, frente al 49% de media internacional.

El propio Halgreen ha reconocido que su hipótesis se apoya en «correlaciones» y en lo que la OCDE «cree», no en pruebas causales concluyentes. Y el informe documenta, en paralelo, otros fenómenos que también podrían explicar parte de la caída: ha aumentado el absentismo escolar, ha bajado el esfuerzo que los propios estudiantes declaran haber dedicado a la prueba, y se ha reducido el apoyo familiar percibido por el alumnado. Los técnicos consultados hablan de un «cóctel» de causas -pantallas, inteligencia artificial, desafección escolar, absentismo- más que de un factor único.

De hecho, esta es la primera edición de PISA que pregunta por el uso de inteligencia artificial generativa en las tareas escolares, y España se sitúa por encima de la media OCDE en el uso de chatbots como ChatGPT o Gemini para resumir textos, investigar o redactar trabajos. El informe señala que ese uso «correlaciona con los resultados educativos», sin precisar en qué sentido ni con qué intensidad.

La conclusión que se puede extraer de los propios datos, más que la de un titular único sobre «el móvil culpable», es la de un sistema educativo -el español y el andaluz en particular- que arrastra un deterioro sostenido desde hace una década, al que se suman ahora nuevas variables digitales cuyo peso real todavía no está del todo claro.