
A raíz de la investigación sobre las actividades empresariales del ex presidente Zapatero, su nombre ocupa todos los medios de comunicación en prensa radio y televisión. Nunca antes ningún otro presidente había levantado tanta expectación, ni tanto interés mediático, pero sobre todo tantos ataques de las derechas y extrema derecha, como si fuese un caso sin precedentes en este país.
Tanto Felipe González, como José María Aznar entraron a formar parte de consejos de administración en grandes empresas energéticas, de las que han ido recibiendo cada año cientos de miles de euros por su información privilegiada y sus tráficos de influencia. Mariano Rajoy y su gobierno se vieron envueltos en numerosos casos de corrupción, sobresueldos y financiación ilegal del PP, aún sin resolver.. Por su parte los continuos escándalos de Juan Carlos de Borbón, como Jefe del Estado son innumerables y sus oscuras comisiones fueron acumulando un patrimonio multimillonario en paraísos fiscales. Ninguno de ellos ha sido investigado, ni condenado. Los jueces encargados de hacerlo se han ido tapando la nariz y mirando para otro lado, ante la indignación de gran parte de la sociedad.
Que la corrupción ha de combatirse con todos los medios legales posibles, ¡ por supuesto!, pero que el tratamiento a José Luis Rodríguez Zapatero está siendo totalmente distinto a los demás está tan claro como el agua. El objetivo a batir, además de él, es el gobierno de coalición y la presidencia de Pedro Sánchez, utilizando todos los atajos y bulos posibles en el acoso y derribo del ejecutivo. Hay muchos y negros intereses en juego dentro y fuera del Estado español. Basta analizar como se ha ido montando la estrategia para comprobar que en todo ese proceso se están empleando dos varas de medir por parte de los poderes económicos, políticos, mediáticos, judiciales e incluso algunos también religiosos. Son los poderes fácticos de siempre con tintes franquistas de involución.
En ese complejo panorama llama también la atención el hecho de que en los pilares más básicos de este gobierno, sustentado en una gran cantidad de ayuntamientos con alcaldías y grupos municipales del PSOE, éstos no tengan nada que decir, con una actitud pasiva de ver, oír y callar, escondiendo la cabeza como el avestruz, en lugar de explicar a sus vecinos lo que está ocurriendo. No reaccionan ante lo que se les puede venir encima si finalmente las fuerzas reaccionarias consiguen su objetivo. Es curioso que precisamente estén siendo más las personas de izquierdas, no votantes del PSOE, los que estén alertando de la situación, que los que reciben un sueldo como cargo público bajo las siglas socialistas. Es para hacérselo mirar, porque parecen afectados por una extraña «Ley del Silencio» de imprevisibles consecuencias.
Manuel Velasco Haro en Facebook: https://www.facebook.com/share/1L1eaBsVdx/