La situación de Naâma Asfari genera alarma internacional

El activista saharaui Naâma Asfari, encarcelado desde 2011 en la prisión marroquí de Kenitra, permanece incomunicado desde hace más de una semana en plena huelga de hambre indefinida, lo que ha disparado la preocupación de organismos de derechos humanos, familiares y representantes políticos en España y Francia.

Ocho días sin noticias

Según denuncia la Liga para la Protección de los Presos Saharauis en las Prisiones Marroquíes, la familia de Asfari no recibe información sobre su estado de salud desde el 13 de julio. Ese día, la administración penitenciaria redujo las llamadas telefónicas entre el preso y su familia a apenas cinco minutos diarios. Como protesta, Asfari anunció que dejaría de colaborar con el médico de la prisión -cuya atención se limitaba a controles básicos de peso, tensión y signos vitales-, y la respuesta del centro fue cortar por completo las comunicaciones.

La organización calificó lo ocurrido como una desaparición forzada, señalando el aislamiento total, la falta de contacto legal y familiar, y la ausencia de asistencia médica documentada. Ha pedido a la comunidad internacional que intervenga con urgencia para localizarlo y proteger su vida.

Una huelga de hambre que entra en su fase más crítica

Asfari inició esta huelga de hambre indefinida el 8 de junio de 2026, después de tres huelgas previas de 48 horas realizadas en mayo que no obtuvieron respuesta de las autoridades marroquíes. Con ello reclama la aplicación del dictamen 23/2023 del Grupo de Trabajo de la ONU sobre la Detención Arbitraria, que en 2023 calificó su condena de arbitraria y pidió su liberación inmediata, su indemnización y una investigación independiente sobre su privación de libertad.

A fecha de hoy, el ayuno se acerca a los 45 días. Diversos relatos recogidos por medios y organizaciones de solidaridad describen un deterioro físico progresivo: pérdida de varios kilos de peso semana tras semana, confinamiento en la enfermería de la prisión con solo una hora de paseo diario y sin acceso a lámpara, mesa o silla. Según la literatura médica sobre inanición prolongada, superadas las cinco semanas sin ingesta de alimentos aumenta considerablemente el riesgo de insuficiencia cardiaca o renal, ictus, coma hipoglucémico o fallo multiorgánico, un riesgo mayor si -como en el caso de Asfari- la persona no parte de un estado de salud óptimo ni recibe seguimiento médico adecuado.

Quién es Naâma Asfari

Abogado y defensor de derechos humanos, Asfari es vicepresidente del Comité para las Libertades y el Respeto de los Derechos Humanos en el Sáhara Occidental (CORELSO). Fue detenido en 2011 y condenado junto a otros 18 saharauis -el llamado «grupo de Gdeim Izik»- por delitos de organización criminal, violencia contra las fuerzas de seguridad y distintos grados de implicación en homicidio, en el marco del desmantelamiento del campamento de protesta de Gdeim Izik en 2010.

El Grupo de Trabajo de la ONU sobre la Detención Arbitraria concluyó en 2023 que existían razones fundadas para considerar creíbles las denuncias de tortura formuladas por Asfari y sus compañeros durante el proceso, y pidió expresamente su excarcelación como medida de reparación por un juicio sin garantías. Marruecos no ha aplicado ninguna de las recomendaciones. Organismos como Amnistía Internacional y el Comité contra la Tortura de la ONU han denunciado reiteradamente las condiciones de reclusión de los presos saharauis, muchos de los cuales llevan años sin poder recibir visitas.

Movilización en España y Francia

El pasado lunes 20 de julio, el Frente Polisario convocó en Madrid una concentración urgente frente al Ministerio de Asuntos Exteriores, sumada a la protesta semanal que organiza desde hace cinco años el Movimiento por los Presos Políticos Saharauis en España. Participó Enrique Santiago, secretario general del PCE y portavoz parlamentario de Izquierda Unida, quien anunció una iniciativa registrada en el Congreso de los Diputados para que la Comisión de Exteriores debata la situación de los presos saharauis en Marruecos. El portavoz del Frente Polisario en España, Abdullah Arabi, reclamó la visita inmediata de familiares y abogado, así como la liberación urgente del activista.

El Frente Polisario ha llevado además el caso ante el Consejo de Seguridad de la ONU, mientras el Consejo Nacional Saharaui impulsa una campaña internacional por la liberación de los presos políticos saharauis. En Francia, asociaciones de solidaridad como la AARASD han expresado su inquietud por el deterioro de Asfari y han pedido la intervención de representantes del Gobierno francés ante las autoridades marroquíes.

Sindicatos, partidos políticos y numerosas personalidades se han sumado en España a la campaña de apoyo al activista, que reclama de forma unánime: la liberación inmediata y condicional de Asfari y del resto de presos saharauis en aplicación de las resoluciones de la ONU; acceso urgente a atención médica y visitas familiares y legales; y la intervención del Relator Especial de la ONU sobre la Tortura para que visite los centros de detención marroquíes.

El contexto que rodea el caso

La situación de Asfari se enmarca en un proceso de descolonización del Sáhara Occidental que continúa sin resolverse medio siglo después del abandono español del territorio en 1975. Mientras la comunidad saharaui reivindica su derecho a la autodeterminación, organizaciones que siguen el conflicto han denunciado en paralelo intentos de introducir en foros de la ONU asociaciones alternativas al Frente Polisario como interlocutor saharaui, en lo que consideran una maniobra para diluir la representación legítima del pueblo saharaui en el proceso de descolonización pendiente.

Un Gandhi saharauí

Nacido en 1970 en el Sáhara Occidental, creció en una familia profundamente marcada por la represión. Su padre fue encarcelado 16 años en la prisión de Kalaat M’Gouna, una de las cárceles donde fueron recluidos numerosos saharauis durante los años posteriores a la ocupación marroquí del territorio. Aquella experiencia familiar marcó profundamente su infancia y contribuyó a forjar un compromiso inquebrantable con la justicia, la libertad y la defensa de los derechos humanos.

Formado en Derecho y Ciencias Sociales, Naâma Asfari desarrolló desde muy joven una intensa labor de denuncia de las violaciones de derechos humanos en el Sáhara Occidental ocupado. Su trabajo se caracterizó siempre por la defensa de métodos pacíficos, el diálogo y el recurso al derecho internacional como herramientas para alcanzar una solución justa al conflicto.

Su nombre quedó unido al campamento de Gdeim Izik, levantado en octubre de 2010 a las afueras de El Aaiún, donde decenas de miles de saharauis protagonizaron una histórica movilización pacífica para reclamar condiciones de vida dignas, el fin de la discriminación y el respeto de sus derechos fundamentales. Él mismo explicó en numerosas ocasiones que aquella movilización nacía de la voluntad de vivir con dignidad y de defender el derecho del pueblo saharaui a ser lo que quería ser y decidir libremente su futuro.

El 7 de noviembre de 2010, un día antes del desmantelamiento violento del campamento, fue detenido por las autoridades marroquíes y permaneció incomunicado durante varios días. Durante ese periodo denunció haber sido sometido a torturas y malos tratos con el objetivo de obtener confesiones que posteriormente fueron utilizadas en el proceso judicial. Finalmente fue condenado a treinta años de prisión junto a otros integrantes del Grupo de Gdeim Izik, en un juicio ampliamente cuestionado por organismos internacionales de derechos humanos.

Detención arbitraria y torturas

Su caso ha sido objeto de importantes decisiones de Naciones Unidas, además del llamamiento urgente lanzado por la Relatora Especial Andrea Bolaños Vargas, que ha alertado sobre el grave deterioro del estado de salud de Naâma Asfari e instado a las autoridades marroquíes a adoptar medidas inmediatas para proteger su vida. En 2016, el Comité contra la Tortura concluyó que Naâma Asfari fue víctima de tortura y que su condena se sustentó en confesiones obtenidas bajo coacción. Posteriormente, en 2023, el Grupo de Trabajo de las Naciones Unidas sobre la Detención Arbitraria declaró arbitraria su privación de libertad y reclamó su liberación. Más recientemente, en mayo de 2026, Naciones Unidas volvió a denunciar un patrón de torturas, confesiones obtenidas bajo coacción y falta de investigación en los casos de los presos saharauis de Gdeim Izik.

Más allá de las decisiones de Naciones Unidas, durante más de quince años de encarcelamiento Naâma Asfari ha denunciado reiteradamente las duras condiciones de reclusión, los largos periodos de aislamiento, las restricciones al contacto con su familia y las represalias sufridas por acudir a los mecanismos internacionales de protección de los derechos humanos. Su esposa, la activista francesa Claude Mangin, ha desarrollado durante años una intensa campaña internacional para reclamar su liberación y la del resto de los presos políticos saharauis.

Ante el grave deterioro de su estado de salud, ha intensificado ese llamamiento dirigiéndose a los Premios Nobel de la Paz Óscar Arias, Rigoberta Menchú y Adolfo Pérez Esquivel para solicitar su intervención urgente y evitar que Naâma Asfari muera en prisión. En esas cartas recuerda las palabras que él mismo le transmitió durante una de sus breves llamadas telefónicas: «Hago lo que debo hacer; es mi responsabilidad». Una frase que resume la convicción con la que Naâma Asfari afronta una huelga de hambre que hoy pone en riesgo su vida.

Hoy, Naâma Asfari simboliza la defensa pacífica de los derechos humanos y la dignidad del pueblo saharaui. Su historia representa la de muchas familias saharauis marcadas por la represión, la prisión, la desaparición forzada y el exilio, sin renunciar nunca a la defensa pacífica de sus derechos.

Llamamiento urgente

Ante el grave deterioro de su estado de salud, hacemos un llamamiento urgente a las Naciones Unidas, a la Unión Europea, a la Unión Africana, a las instituciones internacionales, a las organizaciones de derechos humanos y a la comunidad internacional para que actúen con la máxima urgencia a fin de proteger la vida e integridad de Naâma Asfari, garantizar el cumplimiento de las decisiones de los mecanismos de Naciones Unidas y velar por el respeto de los derechos fundamentales de todos los presos políticos saharauis.

La protección de la vida de Naâma Asfari constituye una obligación derivada del Derecho Internacional de los Derechos Humanos y del cumplimiento de las resoluciones y dictámenes emitidos por los órganos competentes de Naciones Unidas.

Salvar la vida de Naâma Asfari es hoy una cuestión de humanidad, de justicia y de respeto al Derecho Internacional.

Firma la petición por su libertad