
La sala La Insumisa ha acogido esta tarde la presentación de la exposición “Vidas palestinas bajo ocupación: familias beduinas del Valle del Jordán” de la mano del activista palestino Rashed Khadiriy. A pesar del calor reinante, Khadiry ha expuesto la cruda realidad de los 56.000 palestinos y palestinas que sobreviven en el Valle del Jordán, sufriendo el acoso diario del ejército israelí y de los colonos. Son una sexta parte de la población que vivía y trabajaba en el fértil Valle del Jordán antes de 1967, cuando se produjo la ocupación israelí de Cisjordania, tras la guerra de los seis días.
Khadiry que es sindicalista de la Nueva Federación de Sindicatos en Tubas, en el norte de Cisjordania, y activista del Movimiento de Solidaridad del Valle del Jordán ha expuesto la voluntad de su movimiento por estrechar lazos con el movimiento sindical y cooperativista andaluz. De hecho, el Movimiento de Solidaridad del Valle del Jordán es una red constituida por cooperativas, sindicatos, municipios y comunidades de base.

La exposición recoge el testimonio vivo del sufrimiento de las familias palestinas marcadas por la ocupación y la limpieza étnica en curso, el régimen de apartheid impuesto por Israel y la violencia extrema, que se expresa en la demolición sistemática de casas e incluso, chabolas, la confiscación de tierras y el control del acceso al agua, para favorecer la expulsión de la población palestina nativa y su concentración en las grandes áreas urbanas.
Es el caso de Suleiman Rahayla, un pastor de cabras que perdió la pierna en 2018 tras dispararle un grupo de colonos. O la tragedia de Abu Khayrie, a la que los colonos le robaron sus tierras de pastoreo y su marido fue encarcelado tras una discusión con un colono. O el caso de Ouday Al Shahied que fue destrozado por una mina israelí mientras sacaba sus cabras. O el drama de Imu Mohamed que con 25 años tuvo que alimentar a sus cinco hijos tras el encarcelamiento de su marido. O la familia de Hamdy Ebayat que espera que cualquier día se ejecute la orden de demoler su casa.

Acabar con los rebaños, la obsesión de los colonos
10.000 colonos, armados hasta los dientes y protegidos por el ejército israelí, distribuidos en 37 asentamientos, tienen una obsesión: acabar con los rebaños de ovejas y cabras. El motivo es evidente, se trata de la principal fuente de ingreso de las familias beduinas del Valle del Jordán. La «afición» recuerda la práctica de matar bisontes durante la conquista del Oeste, una táctica deliberada de los colonizadores europeos que de esa forma privaban a las tribus nativas de Norteamérica de su base de supervivencia y así obligarlos a confinarse en las reservas. La equivalencia no es ninguna exageración, ya que, se trata de sistemas de colonización por sustitución o «transfer», donde la población nativa es diezmada y apartada y finalmente, sustituida por la población colonizadora.
Una de las fórmulas del poder colonial israelí consiste en declarar ‘cuarentenas’ por supuestas razones médicas para privarles a las familias palestinas de sus rebaños, es decir, de su sustento. Para librar a los rebaños de estas cárceles para animales, las familias palestinas tienen que pagar una compensación o perder el rebaño.

El objetivo último es expulsar a la población palestina y para ello, impedir que desarrollen su vida con normalidad. Así, Israel les prohíbe construir cualquier tipo de infraestructura, tales como abrir caminos, extender redes de irrigación o levantar una casa. Mientras tanto, Israel construye más asentamientos ilegales y promueve la llegada de colonos, ofreciéndoles incentivos y ayudas de todo tipo.
El control del agua
Si con las cabras se trata de obstruir la fuente de riqueza, con el agua ocurre lo mismo. Los planes del sionismo por controlar los recursos hídricos del Valle del Jordán comenzaron, incluso, antes de la Naqba. Ya en 1937 se creó una Compañía Israelí para controlar el agua. Actualmente, Israel controla el 86% de los recursos hídricos del río Jordán, el Mar Muerto y los acuíferos. Como consecuencia, los 10.000 colonos de Israel consumen 6.6 veces más agua que los 56.000 palestinos residentes. Al igual que en el resto del Área C, los colonos reciben un 75% de descuento en sus facturas de agua, mientras que mucha población palestina no tiene acceso a agua potable.

Israel ha confiscado 162 pozos de agua destinados a la agricultura del Valle, prohibiéndoles a los palestinos su utilización. Cómo no tienen permiso para abrir pozos de agua potable, a la población palestina se les deja como única opción, la utilización de fuentes o manantiales de descarte, sin tratamiento.
El negocio de la colonización
El 95% de las tierras del Valle del Jordán están controladas por Israel. Aproximadamente, la mitad del Valle se encuentra bajo la ocupación ilegal de la colonias. El 45% son áreas restringidas para las familias palestinas, porque o son áreas militares exclusivas, campos de tiro, bases militares o reservas naturales, a las que los palestinos no pueden ingresar. Sólo el 5% del Valle es accesible a la población palestina.
El 70% de las exportaciones agrícolas a la Unión Europea por parte de Israel proceden de la usurpación ilegal de las tierras y el agua del valle del Jordán por parte de los colonos, lo que suponen unos beneficios de 125 millones de dólares al año. Mientras, el 53% de los residentes palestinos del Valle de Jordán en Jericó y Tubas padecen inseguridad alimentaria.






