
El Índice Global del Hambre 2026 sitúa en 44 los países con niveles graves o alarmantes y señala los conflictos armados como el principal factor de retroceso
La lucha contra el hambre en el mundo ha dado un paso atrás. Lo advierte el informe Global Hunger Index 2026 (GHI), que sitúa la puntuación mundial en 18,1 puntos, una cifra considerada «moderada» pero superior a la de 2018, lo que interrumpe el descenso registrado desde el año 2000. Es el primer repunte relevante tras casi dos décadas de mejoras sostenidas.
El estudio, presentado el 14 de octubre, lo elaboran Welthungerhilfe, el Instituto IFHV y Helvetas, y en España lo difunde Ayuda en Acción como miembro de la red europea Alliance2015. En esta edición se evaluaron datos de 136 países, y las puntuaciones incorporan información de 2021 a 2025.
Un deterioro que alcanza a 32 países
Según el documento, 44 países presentan hoy niveles graves o alarmantes de desnutrición e inseguridad alimentaria, y la situación ha empeorado en 32 de ellos desde 2018. Las proyecciones son poco alentadoras: si se mantiene el ritmo actual, al menos 57 naciones no conseguirán reducir el hambre ni siquiera a un nivel bajo en 2030, el horizonte fijado por la comunidad internacional.
La edición de este año, bajo el lema «No hay seguridad sin seguridad alimentaria», analiza la relación entre conflicto, inestabilidad y hambre. El informe sostiene que la inseguridad alimentaria no es solo una consecuencia de las crisis, sino que también puede crear las condiciones que las intensifican. Pilar Lara, del equipo de Relaciones Institucionales de Ayuda en Acción, explica que las guerras destruyen cultivos e infraestructuras, interrumpen los mercados, provocan desplazamientos y dejan a miles de familias sin ingresos. Esas consecuencias, añade, se prolongan durante años incluso cuando cesa la violencia.
A ello se suma un descenso de los recursos disponibles. La financiación humanitaria y de desarrollo destinada a los sectores alimentarios en contextos de crisis ha caído a niveles similares a los de 2016 y 2017.
África subsahariana, epicentro de la crisis
La región más golpeada es África subsahariana, con 27,5 puntos, una puntuación catalogada como grave. Allí se concentran cuatro de las seis mayores crisis alimentarias derivadas de conflictos armados: Nigeria, República Democrática del Congo, Sudán y Sudán del Sur.

Los avances son posibles, pero frágiles
El informe no se limita a enumerar retrocesos. Sus autores subrayan que las políticas sostenidas contra la desnutrición funcionan. Mozambique ha pasado desde el año 2000 de un nivel alarmante a uno grave, y 31 países han reducido su puntuación en más de un 10 % desde 2018.
Ese progreso convive con realidades difíciles, como la de la provincia mozambiqueña de Cabo Delgado, donde nueve años de conflicto han provocado desplazamientos continuados y dificultades graves para acceder a servicios básicos. Allí vive Bela, de 23 años y madre de cuatro hijos, que huyó de su hogar por la violencia. Tras un periodo de enorme precariedad, ha conseguido una vivienda y ha puesto en marcha un pequeño negocio de venta de carbón con el apoyo de la ONG.
Una respuesta que va más allá de la emergencia
Ayuda en Acción defiende que combatir el hambre no se limita a repartir alimentos durante la emergencia, sino que exige devolver a las personas los medios para acceder a ellos de forma estable. Lara resume el mensaje del informe: reducir el hambre es posible, pero los avances «no son irreversibles».
La organización reclama una respuesta internacional integral, basada en la inversión en agricultura sostenible adaptada al cambio climático, en protección social y en el fortalecimiento de las capacidades locales ante futuras crisis. El informe pide además integrar de forma sistemática la seguridad alimentaria y nutricional en las políticas de paz y seguridad. El desafío, concluye la ONG, es evitar que los conflictos, la crisis climática, las perturbaciones económicas y la caída de la financiación echen por tierra lo logrado.



