
Un nuevo estudio publicado en Nature Climate Change confirma que el estrés térmico global se intensifica a un ritmo sin precedentes, con regiones subtropicales que acumulan hasta 50 días adicionales al año de calor peligroso para la salud humana.

Investigadores de Alemania y el Reino Unido analizaron datos globales sobre el estrés térmico humano desde 1950 hasta 2024, midiendo no solo la temperatura sino también la humedad, el viento y la radiación solar mediante el Índice Climático Térmico Universal (UTCI). Sus conclusiones son contundentes: las noches más cálidas del año se están calentando más rápido que los días, a un ritmo de 0,32 °C por década frente a 0,27 °C de los días.
El sur de Europa, el norte de África, el sur de América del Norte y América del Sur —las llamadas regiones subtropicales— son las más castigadas, con decenas de días adicionales de calor peligroso que antes no existían.
El estrés térmico no es solo cuestión de temperatura: la humedad elevada impide que el cuerpo se enfríe mediante la sudoración, amplificando considerablemente el riesgo para la salud.
El precio en la salud
El calor es la principal causa de mortalidad relacionada con el clima en todo el mundo y exacerba enfermedades subyacentes como afecciones cardiovasculares, respiratorias y de salud mental
Los efectos sobre el cuerpo humano se manifiestan en dos plazos. A corto plazo, el calor extremo provoca agotamiento, deshidratación y síncopes. A largo plazo, la exposición sostenida se asocia a enfermedades cardiovasculares, daño renal, trastornos respiratorios, reducción de la fertilidad y agravamiento de enfermedades crónicas preexistentes.
En España, los grupos más vulnerables son los trabajadores al aire libre: agricultores, empleados de la construcción y del mantenimiento viario. En la agricultura, el problema se agrava porque el calor aumenta la volatilidad de fertilizantes y fitosanitarios, dañando las vías respiratorias. Los entornos industriales —siderurgia, inyección de plásticos— también presentan riesgos significativos aun cuando se desarrollan en interiores.

La propuesta de la ciencia
Los autores del estudio apuntan a medidas concretas para reducir la vulnerabilidad: sistemas de alerta temprana ante olas de calor, intervenciones de refrigeración urbana —zonas de sombra, superficies reflectantes, corredores verdes— e integración del estrés térmico en los planes de acción sanitaria. Para los entornos laborales, se recomienda trasladar las tareas al exterior a horarios nocturnos o de madrugada durante los meses de mayor calor.
Aunque las olas de calor son cada vez más frecuentes y graves, los cambios globales en el calor que experimentan las personas —incluido el calor nocturno— aún no se cuantifican adecuadamente a escala mundial, lo que dificulta la respuesta política.

