
El Sistema de Monitoreo de la Mortalidad Diaria (MoMo) calcula que, desde el 20 de noviembre del año pasado, han ocurrido 1. 120 fallecimientos relacionados con el frío extremo.
En su mayoría, las muertes asociadas a las temperaturas bajas han sucedido en este mes de enero, alcanzando un total de 704, sobre todo en la segunda semana, según los datos del Instituto de Salud Carlos III que evalúa la mortalidad por todas las causas.
Durante diciembre, el número fue de 279 y las 137 restantes sucedieron en noviembre, a partir del día 20, cuando se documentó el primer deceso a causa del frío.
De cada diez fallecidos por frío, ocho eran mayores de 65 años (932 en total, lo que representa el 83 por ciento), y de ese grupo, el 68 por ciento tenía más de 85 años. Respecto al género, es ligeramente mayor la cifra en mujeres, que constituyen el 53 por ciento.
Desde el 1 de diciembre pasado, el Ministerio de Sanidad ha activado el Plan Nacional de medidas preventivas contra las bajas temperaturas, que, al igual que el plan de calor en verano, tiene como objetivo reducir los efectos del frío en la salud de las personas.
Como se ha señalado, el frío intenso tiene un impacto negativo en la salud, tanto de forma directa como indirecta, aunque solo en los casos más severos, el contacto con temperaturas muy bajas puede llevar a situaciones de hipotermia y congelación, que representan una pequeña parte del total de enfermedades y muertes, siendo más comunes los problemas infecciosos, como los provocados por el virus de la gripe o el neumococo.
En términos generales, las bajas temperaturas generan un aumento del estrés en el cuerpo que puede causar descompensaciones que agravan enfermedades crónicas en poblaciones vulnerables, especialmente las del corazón y respiratorias.
Además, las temperaturas frías pueden incrementar la aparición de otros problemas de salud, como diagnósticos de depresión, ansiedad y esquizofrenia, así como complicaciones durante el embarazo.
El frío extremo también contribuye a accidentes de tráfico y caídas por hielo, así como incendios e intoxicaciones por monóxido de carbono provenientes de estufas a gas o braseros, entre otros.
Los expertos indican que los humanos somos seres homeotérmicos, lo que implica que necesitamos mantener una temperatura adecuada entre los 36 y 37 grados. Cuando la temperatura del ambiente disminuye, el organismo pone en marcha mecanismos de defensa, aunque si esto no funciona, se produce lo que llamamos hipotermia, un estado que empieza cuando la temperatura corporal cae por debajo de los 35 grados.
A diferencia de lo que se suele pensar, el problema no se limita únicamente a temblar. A medida que la hipotermia progresa, las sensaciones normales de frío pueden desaparecer. En cambio, aumentan la somnolencia y la disminución de la conciencia, lo que incrementa el riesgo, ya que dificulta que la persona actúe.
El grupo que más riesgo tiene es el de los ancianos. Esto se debe a tres razones principales. Primero, a medida que se envejece, se presenta una «reducción en la capacidad para regular la temperatura». Además, diversas condiciones crónicas como problemas cardiovasculares, diabetes o Alzheimer complican el control de la temperatura corporal. Por último, ciertos fármacos como sedantes, antidepresivos o vasodilatadores pueden afectar la percepción térmica.
La pobreza energética mata
Un dato interesante es que muchos casos de hipotermia severa (por debajo de 28 grados) no ocurren al aire libre, como se podría pensar. Curiosamente, muchas de ellas suceden dentro de las casas, a menudo por fallas en la calefacción o por problemas de movilidad que impiden a los ancianos buscar ayuda. A este riesgo se suman otros peligros indirectos, como la intoxicación por monóxido de carbono por el mal uso de estufas.
La recomendación principal de los expertos es muy clara: abrigarse y evitar las temperaturas extremas. Para los ancianos, es importante revisar cualquier medicación que pueda afectar la percepción del frío. También es fundamental considerar su estado de salud y asegurarse de que los niveles de calefacción estén adecuadamente controlados en el hogar para protegerse de los riesgos causados por el frío.

