‘Mil Voces por la Paz’ demanda un no a la guerra con contenido

El coro ‘Mil Voces por la Paz’ interpreta canciones reivindicativas

Más de mil personas se concentraron hoy en la Plaza de la Encarnación (Las Setas) de Sevilla en la tercera edición de ‘Mil Voces por la Paz’, un evento anual organizado por la Plataforma Abierta por la Paz y la Asociación de Amistad con el Pueblo Saharaui de Sevilla que denuncia la ocupación del Sáhara Occidental y de Palestina y reclama el derecho a decidir en paz de estos pueblos colonizados y martirizados.

Figuras conocidas del ámbito de la cultura y la política se unieron un año más en la demanda de paz. La cantante Rozalén, el actor Carlos Bardem, la activista saharaui Aminatu Haidar secundaron la convocatoria, como en anteriores ediciones y no faltaron caras conocidas de la lucha social y política que nunca fallan a la causa saharaui, como Diego Cañamero; el antropólogo Isidoro Moreno; el alcalde de Marinaleda, Sergio Gómez; o el diputado de Sumar, Francisco Sierra, así como militantes de Podemos e IU.

Gritos contra María Jesús Montero

Más controvertida fue la presencia de la vicepresidenta del Gobierno y candidata socialista a la Junta, María Jesús Montero, acompañada del portavoz socialista en el Ayuntamiento hispalanse, Antonio Muñoz, que tuvieron que soportar consignas como «OTAN no, bases fuera» que daban contenido al «No a la guerra». Al final del acto, un grupo de jóvenes de la UJCE comenzaron a gritar «PSOE, PP, la misma mierda es» justo cuando la ministra abandonaba la plaza. Los jóvenes justificaron sus gritos en la «traición que realizó Pedro Sánchez y su partido a la causa saharaui».

Como en anteriores ediciones, los protagonistas fueron la música y las canciones. El coro ‘Mil Voces por la paz’ cantó las canciones revolucionarias de toda la vida, algunas de ellas adaptadas a la reivindicación constante de un «Sáhara libre, Polisario vencerá». Así se pudo escuchar el mítico «Bella Ciao«, la muy conocida canción de los partisanos italianos en su resistencia contra el fascismo durante la 2ª Guerra Mundial. También se cantó otro tema épico, «Grândola, Vila Morena«, de Zeca Afonso, el tema que inició el golpe militar, apoyado por el pueblo portugués, que dió lugar a la revolución de los claveles contra la dictadura de Salazar-Caetano.

También mereció la pena escuchar una versión adaptada de la «Murga de los Currelantes» de Carlos Cano, rebautizada como «Murga de los Resistentes», donde las coristas coreaban el siguiente estribillo en andaluh:

«¡Rafaé! ¿Con el Majzén (monarca marroquí) que le vamoh a hacé? Poh le vamoh a dah el tran lacatran, y un boleto sin vuelta, para Rabat»

No sólo hubo canciones, también hay que destacar el Dabke palestino interpretado por la bailarina Laila Al-Khouli, acompañada por su alumna Zoraida y la actuación de la compañía teatral La Cólquide que nos deleitó con una obra teatral sobre la ocupación del Sáhara Occidental. La guinda del pastel la puso el rapero senegalés Oumar y el cantautor Daniel Mata.

Un punto fuerte del acto fue la lectura del manifiesto, escrito por el periodista Juan José Tellez y leído por el médico y activista, Alfonso Romera. Un manifiesto que reproducimos íntegramente a continuación, porque no tiene desperdicio:

MANIFIESTO

«Música que amansa a las fieras, canciones contra los tambores de guerra. Mil voces cantan las cuarenta, porque la armonía es el mejor antídoto contra el zafarrancho de combate.

Durante décadas, las canciones nos han enseñado que cuando no se tiene más que amor contra el ruido de los cañones, se tiene todo. Que podemos imaginar todavía un mundo sin fronteras. Que los señores de la guerra sólo defienden su negocio. Que sólo le pedimos a los dioses que no bendigan a los tiranos o que la música militar nunca nos supo levantar.

Os pedimos que cantéis juntos el estribillo del no a la guerra, porque no hay ninguna guerra justa, porque en las guerras sólo mueren los mismos, los de abajo, los civiles, la infancia y la verdad. Las víctimas son los de siempre y los verdugos, también.

En momentos como éstos, los bombardeos vuelven a repetirnos la foto fija de la barbarie: hospitales devastados, escuelas como escombros, con la sangre de la inocencia escribiendo su dolor en las pizarras. Y listas, muchas listas: las listas de muertos, las listas de bajas, las listas de los daños colaterales, las listas de los desplazados, las listas de los fugitivos, las listas de los refugiados que no encuentran refugio, las listas de la compra, las listas de las armas en venta, las listas de las almas perdidas y las de los corazones rotos.

Las listas y los listos: quienes son incapaces de tender un puente entre aguas turbulentas, quienes sacan provecho de la muerte y también se aprovechan de la vida, quienes se divierten hundiendo barcos sin saber que ellos tendrían que ser, como dijo Mario Benedetti y cantó Quintín Cabrera, el palo mayor de un buque que se va a pique.

A lo largo de los últimos siglos, hubo guerras de cien años y guerra de siete días, pero nunca hubo tiempo para la paz. A lo largo de las últimas décadas, desde la Segunda Guerra Mundial, la geografía del mundo fue dibujada con sangre: Corea, Indochina y Vietnam, Camboya y Angola, los Grandes Lagos, Mali, Israel y Egipto, El Líbano y Palestina, siempre Palestina, Afganistán, Pakistán, El Sáhara, Mauritania, Argelia, las Malvinas y los Balcanes, Irak o Kuwait. Hubo canciones para intentar pararlas, pero también hubo canciones que murieron en ellas.

Hace seis años tan sólo cantábamos desde los balcones del confinamiento. Íbamos a salir mejores, decían. Pero sólo supimos conjugar nuevas guerras, desde Ucrania a Gaza, siempre Palestina, como ahora, con un frente que se extiende hacia los extensos territorios de la carne humana, hacia Cisjordania, en un genocidio sin freno ni bocado, con las Naciones Unidas amordazadas y los viejos imperios ahogando las viejas partituras de la dignidad, con sus jefes supremos cantando bastos en las timbas del nuevo orden mundial.

Ahora, es Irán quien sufre un ataque y es Irán quien ataca para defenderse. Los altos generales de un mundo y de otro mueven las piezas como en una siniestra partida de ajedrez. Jaque a los peones, mientras el caballo loco galopa por los tableros del petróleo y de la ambición. Si prosiguen los bombardeos sobre la antigua Persia, quizá no quede pueblo al que liberar de la feroz dictadura de los ayatolás.

Hay medio centenar de guerras y conflictos en los días que corren: de Sudán a Myammar, entre Pakistán y Cachemira, Siria o Yemen. Muchos otros: pero también el que mantiene confinados a los saharauis bajo la mano férrea de Marruecos en la antigua provincia española, o en los campamentos de Tinduf, desde hace casi medio siglo. La paz también muere cuando no se le brinda a los pueblos la oportunidad de ser por sí mismos. La paz también muere cuando un referéndum de autodeterminación, el del Sáhara, lleva 35 años escondidos en los cajones de las grandes potencias colonizadoras.

La paz también muere cuando nuestro silencio contribuye a la guerra. En Andalucía, quedan las dos últimas bases que Estados Unidos utiliza en la Península Ibérica. La base de Morón y la base de Rota: la paz también muere cuando no le enseñamos a Washington por donde queda la puerta de salida, cuando no les cantamos yanquis «Go Home», cuando nos resistimos a ser gente de luz para darle luz de gente al género humano, sea, como dice el himno, por Andalucía libre, los pueblos y la humanidad, que es otra de las canciones que nos hicieron mejores.

Cantad frente al silencio. Cantad frente al miedo. Cantad frente a quienes quisieran acostumbrarnos a la derrota de nuestro pensamiento y a la victoria de su falta de principios. Cantad, cantad, mientras podías. Quizá una canción valga más que mil palabras, pero, desde luego, una canción siempre vale la pena y la gloria. Es difícil matar mientras se canta, aunque haya habido quien ha muerto por cantar».

Libreto con todas las canciones (PDF)